Ves el mundo con tus ojos, pero lo interpretas con tu corazón

Escritura Terapéutica

¿Cuánto de lo que ves es lo que realmente sucede?

¿Y si lo que quieres ver lo tuvieras delante y no lo vieras?

Escritura Terapéutica

Creemos que vemos con nuestros ojos, pero en realidad son las creencias de nuestro corazón las que condicionan la realidad que observamos.

La mejor explicación que he escuchado sobre ello fue de una experiencia que vivió el doctor Wayne Dyer, psicólogo, escritor de libros de auto ayuda y conferenciante.

Explicaba Wayne Dyer que estaba en un vagón de metro al que subieron tres niños y un padre. Los niños no paraban de hacer ruido y moverse constantemente, molestando a los demás pasajeros. El padre, por su parte, permanecía sentado sin ni siquiera mirar a los niños y sin decirles nada.

Pasaron dos paradas y el padre seguía sin reprenderles, así que Wayne Dyer se le acercó y le dijo que no entendía cómo no les llamaba la atención, era evidente que estaban molestando.

El padre, con la mirada un tanto perdida le contestó:

-Perdóneme, señor. Venimos del hospital donde nos han anunciado que mi mujer, la madre de los niños, ha fallecido. En estos momentos, creo que ni ellos ni yo sabemos qué estamos haciendo.

¿Cómo cambia la interpretación de la situación cuando se tiene otro punto de vista?

¿Crees que seguía siendo importante que los niños se portaran mal o que el padre no hiciera nada?

No son los ojos los que ven, es el corazón.

Ahora piensa en las cosas desagradables en tu vida y cómo te afectan. Si reconoces que las estás viendo a través de tus creencias (en el metro no se debe molestar, un padre debe corregir a sus hijos) quizás te pierdas otros aspectos que están sucediendo a la vez.

Y, aún más, pregúntate por qué ves un determinado aspecto y no otro.

Aquello que ves es lo que habita en tu interior

En una de las clases de Escritura Terapéutica tratamos precisamente este punto. Si ves a una madre riñendo a su hija en la calle, puede ser que inmediatamente recurras a uno de estos pensamientos:

  • Bien hecho, a los hijos hay que educarlos con firmeza
  • No se debe regañar a los hijos
  • Esta señora no sabe educar a su hija y tiene que recurrir a regañarla
  • Yo no dejaría que mi hija se portara así
  • Pobre mujer, seguramente cuida sola de su hija porque su marido es un despreocupado
  • Esto le pasa a la mujer por querer educar sola a su hija. La pareja es necesaria aunque digan lo contrario
  • Si fuera mi hija le daría un cachete, como se ha hecho toda la vida

¿Con cuál de las anteriores frases te has identificado?

Ahora analiza el motivo por el que te posicionas, porque al interpretar la escena te has posicionado sin darte cuenta. Pregúntate por qué crees tu afirmación y no las demás. Pero, sobre todo, pregúntate cómo verías la misma escena si no tuvieras la creencia en tu interior.

Vemos con el corazón, depende de nosotros averiguar qué reside en él y modificarlo si lo creemos conveniente.